Jueves, 26 Noviembre 2015 19:53

Una huella difícil de borrar

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Si bien la contaminación crece, los medios de control y depuración no lo hacen a un ritmo que asegure un punto de equilibrio. Por ello, es necesario reflexionar sobre el impacto que nuestras actividades generan en el medio ambiente, mediante
dos herramientas a considerar: la huella de carbono y la huella hídrica.
Ricardo Santibáñez Á.
Ingeniero en Prevención de Riesgos, Calidad y Medio Ambiente. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Desde sus inicios el ser humano ha ido acumulando un impacto ambiental en el planeta que es, sin lugar a dudas, severo. Este ha aumentado en los últimos siglos, pues desde la revolución industrial, las actividades productivas, y junto a ello, la contaminación, han tenido un crecimiento exponencial.

El problema es que, si bien la contaminación crece, los medios de control y depuración no lo hacen a un ritmo que asegure un punto de equilibrio, que garantice sustentabilidad. Como es de suponer, cada actividad lleva asociada un gasto energético que, entre otros, genera subproductos (emisiones) y consume insumos (agua). Para cuantificar este impacto en nuestras actividades tenemos dos herramientas a considerar: huella de carbono y huella hídrica.

La huella de carbono

Corresponde al universo cuantificable total de Gases de Efecto Invernadero (GEI) provocados directa e indirectamente por una organización, un evento o un individuo. Esta emisión de gases impacta directamente en el medio ambiente, potenciando el fenómeno conocido como Calentamiento Global, proceso mediante el cual la temperatura del planeta aumenta producto de estos gases y el efecto que generan en la atmosfera.

Este fenómeno ya produce efectos concretos en la economía global y local. En Chile, según el Ministerio de Energía, para el corto y mediano plazo las exportaciones del país podrían verse afectadas al no cumplir con los estándares internacionales en que a normativas de emisiones se refiere.

Es por ello que hoy, para nuestra economía, representa un desafío importante cuantificar la huella de carbono de los procesos involucrados en productos y servicios. Pero el alcance no termina ahí: llevándolo a un nivel micro, es importantísimo que los consumidores conozcan la huella de carbono derivada de sus estilos de vida, el consumo de sus productos y actividades realizadas.

Ésta herramienta es fácilmente practicable: hoy por hoy en la red existen muchas plataformas que ofrecen este servicio y que en consecuencia, permiten conocer el real impacto de nuestra vida en el planeta.

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La huella hídrica

También conocida como huella de agua, es un indicador asociado al consumo de agua dulce, considerando todas las fases que componen el ciclo de vida de un producto o servicio.

Dentro de la huella de agua hay tres factores que la componen: El agua azul, agua verde y agua gris.

• El agua azul corresponde al volumen de agua que se consume desde aguas superficiales y subterráneas.

• El agua verde es el volumen de agua evaporada de los recursos hídricos que disponemos, o aquella no retornada.

• El agua gris refiere al volumen de agua contaminada en el proceso productivo de un bien o servicio.

Por ejemplo, ¿Cuánta es la huella de agua de una taza de café? Considerando todo el proceso desde el cultivo hasta llegar a una taza, son aproximadamente 140 litros de agua lo que representa el costo de agua de la taza de café que consume cada mañana. Si tomamos otro ejemplo, la fabricación de una polera de algodón, representa aproximadamente 2.700 litros; 1kg de arroz 3.000 litros; mientras que 1kg de carne de vacuno equivale a 13.000 litros.

Para calcular nuestra huella de agua a partir de nuestro diario vivir existen múltiples herramientas en la web; basta con buscar y podremos encontrar la que más nos acomode.

Invito a cada uno de ustedes, queridos lectores, a hacer esteejercicio con ambas herramientas. Puedo afirmar con seguridad que el resultado los asombrará y, espero, les ayude a tomar conciencia sobre la huella que estamos dejando. Una huella que no podemos eliminar, pero si minimizar.