Jueves, 03 Diciembre 2015 15:35

“Hay cámaras tan chicas, que no alcanza a introducirse una persona”

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Los técnicos de compañías de telecomunicaciones conocen muy bien el trabajo en espacios confinados: su ambiente laboral transcurre en cámaras subterráneas que oscilan entre los 2 y los 10 metros de profundidad, cuyo interior abunda en
cables, desperdicios y humedad. Uno de ellos es Luis Aparicio, quien nos cuenta sobre los potenciales riesgos de asfixia, atrapamiento y asalto que existen en estas faenas.

Nicolás Sánchez
Periodista revista Cero Riesgo

Nos encontramos en la comuna de Recoleta, en la esquina formada por calle Sergio Livingstone (ex Olivos) con Av. La Paz. Allí nos espera Luis Aparicio (34), técnico en Localización, quien amablemente nos ofreció enseñarnos los aspectos habituales
de su trabajo en cámaras subterráneas.

Luis trabaja para Ureta y Arqueros, una empresa de telecomunicaciones dedicada a la prestación de servicios en todo lo relacionado a reparación, instalaciones, ventas, cable, banda ancha, fibra óptica en línea y mantención en general. Desde alli, Luis hace 14 años realiza mantenciones especializadas para Movistar.

“Esta es un área específica de Movistar. En todo Chile, somos sólo 43 técnicos en localización”, cuenta el joven.

“Yo trabajo en la mantención de la red de cobre. La mayoría de los cables matrices pasa por estas cámaras, y llegan a un punto en que hay un armario grande, como un ropero, y desde ahí salen unos cables locales que siguen por los
postes”, explica.

“Para ver el estado de los cables, nosotros medimos el tono que tienen con un aparato llamado 965 Dynatel. Cuando escuchamos un “ruido” (1), significa que tienen fallas por averías que la mayoría de las veces ocurren al interior de las cámaras. Ahí tenemos que abrir las mufas (2) y ver los empalmes, que es donde pasan las conexiones de todos los clientes”.

Junto a Luis Aparicio, quisimos vivir la experiencia e ingresamos al interior de la cámara, ubicada en uno de los sectores más antiguos de la comuna de Santiago. Nos afirmamos a la estrecha escalera, y bajamos hacia la oscuridad subterránea.

Tres metros más abajo, la sensación es levemente claustrofóbica, entre escombros de basura, polvo, humedad y una infinidad de gruesos cables de distintos tamaños y colores. Según Aparicio, alrededor de 2400 teléfonos de línea fija se empalman a la mufa presente en el lugar, lo que comprendería el servicio para un promedio de 1500 clientes. “Otras son tan chicas, que no alcanzan a introducirse las personas”, afirma el técnico.

“Cuando hay problemas de conexión de banda ancha, si un cliente está con baja aislación se va a desconectar. Nosotros buscamos donde está esa baja aislación; puede ser que se meta el agua y cubra las mufas, que se pueden filtrar porque son viejas. Ese tipo de fallas son las que uno ve”, detalla Aparicio.

-¿Y deben hacer bloqueo de energía para evitar el riesgo de descarga eléctrica?

-No, no, porque la corriente es baja, bajísima, el tono es de 46 y 54 volt. Además, siempre desconectamos la bobina de la central telefónica antes de hacer las mediciones. Aquí no hay ningún cable de Chilectra; si hubiera, jamás bajaríamos. En ese caso, por el sudor de uno mismo se podría generar conducción. A veces el encierro es sofocante y el lugar es un sauna: a los 5 minutos estás completamente mojado. Abajo siempre habrá una temperatura unos 10 grados más alta que en la superficie, pero no se nota porque hay sombra. Por eso, por ley no se pueden mezclar los cables.

Las medidas de seguridad

Una vez abierta una cámara, lo primero es prevenir las caídas del personal y de los peatones que circulen por el sector. Para este caso, basta sólo con la instalación de unos conos como señalética; sin embargo, cuando la cámara es más grande y su profundidad mayor, se deben agregar barandas y la presencia de dos técnicos más en la faena.

El riesgo de atrapamiento también es muy serio. “Si cierran la tapa sonamos, ahí nos sofocamos y todo. La tapa de esta cámara es el tipo más liviano que existe, pero algunas pesan como 80 kilos, y otras 120”.

Como paso siguiente, se debe colocar una “lona de ventilación”, que cumple una función de filtro artesanal del aire encerrado en la cámara. “Es una sábana que cuelgas hacia abajo: el aire entra por un lado, baja a la cámara y sale por el otro. Por ley, esta lona debe estar instalada 20 minutos antes de ingresar, para que se tempere el ambiente y quede un aire adecuado”, explica Aparicio.

“Después, uno ve abajo las condiciones que hay para hacer el trabajo. A veces llegan a haber hasta 35 cables que pasan, y para abrir las mufas hay que tener espacios, para poder identificar el cable de cobre con el que trabajamos nosotros, que es más fino. En algunos casos tenemos que mandar a buscar más gente para que despeje lo que es la fibra óptica de otros cables”.

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El riesgo de la emanación de gas

-¿Usas detectores de gases?

-Sí. Cuando hay gases, los hueles: es distinto el gas natural a un gas tóxico. Tú entras a un sector antiguo y sabes que las cámaras pueden tener gases tóxicos. Metes el detector de gas, y si te arroja “malo” tienes que llamar a Movistar y a tu supervisor para que instalen unas máquinas especiales para sacar el gas. Y si sigue la filtración, no se puede trabajar nomás.

-El agua acumulada también puede emanar gases ¿tienen procedimientos para esos casos?

-Sí, uno manda a desaguar la cámara. Todo eso ya lo ve el área de prevención de la empresa, ellos buscan de dónde viene la fuga, si desde otra empresa o de alguna cámara que tenga suciedad y con agua acumulada desde hace mucho tiempo.

-Aparte de las fugas en cañerías y residuos ¿De qué otra forma se acumulan gases?

-Cuando llueve mucho, ahí también entra agua a las cámaras; el tiempo pasa y el agua encerrada produce un gas tóxico. En esos casos, cuando abrimos la cámara nos pega una bocanada pa arriba; tenemos que mandar a desaguar y esperar a que se
ventile un rato, porque el olor es insoportable. Otra forma es que quede abierto, o que a veces la gente roba las tapas y tira basura al interior, que puede arrojar emanaciones al entrar en descomposición.

-¿Recuerdas algún accidente ocasionado por este tipo de riesgo?

-Hace unos diez años, por barrio Franklin. Unos trabajadores de la empresa entraron a una cámara profunda, como de diez metros de largo. Bajó uno y los que estaban arriba esperaron…. Por qué se demora tanto este gallo, pensaron. Bajó otro, y el último que estaba arriba después se dio cuenta que estaban todos tirados abajo, desmayados por la emisión de gas que había en la cámara. Nosotros andábamos por el sector y supimos de esa pega.

-En esos casos la reacción a tiempo es vital…

-Por supuesto, más encima eran grandes, gorditos, pa sacarlos fue difícil.

-¿Te ha tocado estar en un accidente y ver cómo un compañero de trabajo se accidenta?

-Mira, vi uno en que se metió el técnico a la cámara, estando ésta con agua. Fue solamente a ver si el cable que andaba buscando pasaba por ahí. Bajó y se desmayó, probablemente porque el agua estaba contaminada y el olor del gas no llegaba hasta arriba. A mí me tocó llamar (a la mutual para la ambulancia y el jefe de prevención de riesgos), sacarlo con una cuerda y amarrarlo, aunque no estaba 100 por ciento inconsciente, un poco aturdido nomás.

“Todos los días asaltan a técnicos”

Luis Aparicio coincide en que la delincuencia, sin ser un riesgo de manual, es uno de los más presentes en su trabajo. Ésta se presenta desde acoso en las faenas laborales, a asaltos y cortes en los cables para sustraer el cobre.

“En la mañana estuve trabajando solo, en plena Pincoya. Y casi se llevaron la escala, la quisieron sacar, tuve que gritarles que andaba trabajando, arreglándole la conexión a sus vecinos. Me iban a dejar abajo, cachai”, cuenta el esforzado trabajador.

-¿Hay colegas tuyos que hayan sido asaltados?

-Todos los días asaltan a técnicos, todos. Es que nosotros andamos con instrumentos caros. Yo ando con uno que cuesta 2 millones trescientos mil pesos.

-¿Y qué procedimiento sigue en estos casos?

-Entregar las cosas nomás, son cosas materiales, están aseguradas. Si es un sector que está malo en ese momento, no te vas a ir a meter, es ir a perder tus cosas. Mejor esperar o ir más temprano, o llamar a tus colegas pa que vayan contigo. Pero todos los días asaltan, ven la escala y saben que andamos con cosas. En todas las poblaciones populares pasa eso.

Nos despedimos de Luis Aparicio, agradeciéndole por su tiempo y testimonio. Sin dudas, el conocer por un par de horas el trabajo que se realiza en estos diminutos espacios –Luis examina dos o tres cámaras al día- fue una experiencia reveladora, muy útil para conocer aquella realidad que escapa a los manuales, donde el riesgo de un accidente siempre puede surgir desde la situación más cotidiana e inesperada.

 

Notas

1)- Los cables de cobre dispuestos en las cámaras poseen más de 100 tonos según su capacidad, Cuando llueve, al agua se puede introducir al cable y producir un corto circuito. Con el tiempo, esa humedad va sulfatando el par de cobre, lo que se traduce en un “ruido” al ser medido con un aparato 965 Dynatel.

2)- La función principal de la mufa es interconectar redes de distribución telefónica en gabinetes de distribución universal. Está diseñada con los últimos procesos y tecnologías que permiten una fácil inserción de los conductores, aumentan la confiabilidad de conexiones y eliminan la posibilidad de corto circuitos. Cuenta, además, con un gel protector que elimina la posibilidad de corrosión provocada por humedad presente en el medio ambiente.