Lunes, 07 Diciembre 2015 13:42

¿Estamos más preparados para prevenir y combatir incendios industriales?

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El mega incendio de Mathiesen Molypac en 1995 implicó un gran desafío y marcó un antes y un después en lo relativo a servicios en industrias químicas. A partir de esa fecha, comenzó una preocupación nacional para afrontar este tipo de eventos, que incluye capacitación, entrenamiento, nueva normativa y adquisición de elementos especiales por parte de los cuerpos de bomberos de todo el país. Conversamos con Roberto Sepúlveda y Patricio Larrañaga, dos experimentados profesionales ligados a la prevención e integrantes de la IV Compañía de Nuñoa sobre cuáles han sido los principales cambios en éste ámbito y qué falta por hacer.

Nicolás Sánchez
Periodista revista Cero Riesgo
Fotografías: Archivo IV Compañía de Bomberos de Nuñoa.

Aún es recordado como uno de los incendios más impactantes que se hayan producido en la Región Metropolitana. El domingo 17 de diciembre de 1995, la empresa de insumos industriales Mathiesen Molypac, ubicada al norte de la comuna de San Bernardo, frente a un sector residencial de Lo Espejo, ardió durante más de 9 horas ¿La razón? Sus bodegas guardaban diversos productos químicos que se quemaron violentamente, generando algunas explosiones, haciendo aún más difícil controlar la situación.

La magnitud de la catástrofe movilizó a voluntarios de gran parte de los cuerpos de bomberos de la Región Metropolitana. En unas pocas horas, el entorno alrededor de la fábrica de insumos industriales Mathiesen Molypac se había transformado en un escenario de guerra. La población aledaña había sido evacuada de sus casas y el sector estaba resguardado por Carabineros.

El balance final, en cifras, determinó que el mega-siniestro dejó un saldo de catorce heridos y un centenar de asfixiados producto de la columna de gases tóxicos que alcanzó unos 500 metros de altura sobre la Planta, generando una grave contaminación ambiental.

Caso aparte fue la trágica muerte de una mujer que fue alcanzada por una esquirla proyectada desde el interior del incendio. Parte de un contenedor voló cerca de medio kilómetro, y la impactó con toda su fuerza a un par de cuadras del incidente, donde se encontraba cuidando un colegio. “Mathiesen fue tan violento, tan grave, que de hecho murió una cuidadora de un colegio al ser impactada por parte de un tambor que se fue volando”, recuerda hoy Roberto Sepúlveda, bombero con más de 40 años de servicios especializado en combate a incendios en recintos con sustancias peligrosas y actual Director de la 4ta Compañía de Bomberos de Nuñoa.

Aunque históricamente ya existían registros de incendios en recintos con materiales peligrosos -como el de la Barraca Schultz de Valparaíso en 1961, o en el Puerto San Vicente en los años 90- lo cierto es que para aquel entonces no existían protocolos ni normativas adecuadas para enfrentar un incidente de estas características. Es decir, no había suficiente preparación.

Patricio Larrañaga Campusano, Capitán de la 4ta Compañía y compañero de Sepúlveda en numerosas jornadas de combate a incendios con materiales peligrosos, rememora aquellos primeros tiempos. “Con un poco más de dos años en la institución y no más de 20 años de edad me tocó participar en el Incendio de la fábrica Mathiesen. Mis recuerdo son bastante claros, sin duda fue una experiencia que me marcó y me hizo evaluar aun más el riesgo al que un bombero se expone en incendios industriales con sustancias peligrosas. A su vez, como compañía nos hizo reforzar los procedimientos de protección personal, ya que ese tipo de emergencias no eran tan frecuentes”, reflexiona hoy el profesional.

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Las lecciones aprendidas tras Mathiesen Molypac

Según la Norma chilena 382 of.04, las sustancias o Mercaderías Peligrosas son aquellas que, por su naturaleza, producen o pueden producir daños momentáneos o permanentes a la salud humana, animal o vegetal y a los elementos materiales tales como instalaciones, maquinarias, edificios, etc. Esta norma, además, establece una clasificación de nueve clases y divisiones dentro de las mismas.

Es importante consignar que, si bien el uso de mercaderías y sustancias peligrosas siempre puede implicar un riesgo innato, su uso correcto minimiza casi toda posibilidad de accidente. Y aunque éstas se suelen asociar a actividades industriales o a laboratorios, lo cierto es que están presentes diariamente en toda clase de situaciones, incluyendo las actividades más cotidianas del hogar, como cocinar con gas licuado o hacer el aseo limpiar con cloro. Cada uno de estos elementos, si escapa a una adecuada supervisión y control, puede producir accidentes con nefastas consecuencias.

“En esos ejemplos hablamos de nuestro hogar, por tanto, de pequeñas cantidades ¿qué pasará entonces cuando nos referimos a grandes volúmenes utilizados en procesos industriales? La respuesta es la misma, si actuamos siguiendo las instrucciones del proveedor, si los rotulamos, almacenamos, transportamos y utilizamos correctamente no tendremos problemas”, explica Roberto Sepúlveda, que a la par de su carrera como bombero se desempeña como coordinador nacional en siniestralidad en empresas en el Instituto de Seguridad Laboral (I.S.L) y es docente en el INACAP.

“Cuando uno empezó, hace 40 años atrás, no existía el concepto de materiales peligrosos; lo que sí existía era el concepto de incendio de hidrocarburo e incendios químicos. El primer incidente que uno vé como propiamente tal es que sucedió en la carretera antes del Túnel lo Prado, en que se da vuelta un camión. Bomberos hasta ese minuto, cuando había un derrame de algo, lo lavaba con agua; por lo tanto, esa vez hicieron eso, pero se formó una nube roja y eso significó, si no me equivoco, que más de 70 personas tuvieran que ser tratadas. Lo que pasa es que al ácido, si le arrojas agua, forma una nube ácida”, recuerda Sepúlveda.

“Nosotros, en la compañía, tuvimos la posibilidad de adquirir el año 82’ un carro que tenía diez mil litros de agua, mil litros de concentrado de espuma y mil kilos de polvo químico, además tenía un pitón gigantesco que desalojaba 2.600 litros por minuto y que aún hoy es bastante espectacular. De hecho, a ese carro le pusieron como seudónimo ‘Dino’. Ahora, justamente estamos en una campaña para renovarlo y al nuevo carro incorporamos los mayores avances de la tecnología, como un brazo de 20 metros dotado de un pitón de mayor desalojo y versatilidad que es controlado a distancia”.

Su colega Patricio Larrañaga, en tanto, recuerda las precarias condiciones en que antaño operaban los voluntarios en este tipo de sucesos. “Los Bomberos en sus inicios solo se protegían las vías respiratorias con una toalla, lo que claramente era muy limitado. Los recursos eran más escasos y, del mismo modo, no se vislumbraba la masiva manipulación de químicos en los procesos industriales que existe hoy”.

“Actualmente las unidades cuentan, por ejemplo, con equipos de respiración autónomos, los que en algunos casos se ven limitados ya que es prácticamente imposible dotar a cada bombero con un equipo personal o a cargo; éstos se van intercambiando y recargando con sistemas especiales en el mismo lugar de la emergencia. También se ocupan trajes antisalpicaduras, semi encapsulados y encapsulados herméticos, equipos detectores de gases y un sinfín de herramientas especializadas. Todos estos equipos son de alto costo”, detalla el Capitán de bomberos de Nuñoa.

Desde el punto de vista operativo, Larrañaga destaca el carácter especializado que adquirió el combate a incendios con materiales peligrosos. “Se asumieron estas emergencias como una nueva especialidad HAZMAT o Materiales Peligrosos, la que incluye capacitación, entrenamiento, equipamiento apropiado tanto de protección personal como de herramientas, detectores y otros”.

Roberto Sepúlveda, por su parte, cuenta que aproximadamente a partir del año 91, en la Academia Nacional de Bomberos (y por parte del Consejo de Comandantes de la Región Metropolitana) se empezó a tratar con más profundidad el tema de los materiales peligrosos. Esta actualización se basó en la experiencia internacional en esta materia, principalmente en EE.UU. Pero sería el incendio de Mathiesen el que precipitaría el proceso de modernización.

“El incendio sucedio un día domingo 17 de diciembre y fue transmitido toda la mañana por la televisión. Ahí se hicieron visibles debilidades, como que la autoridad sanitaria autorizaba la internación de productos, pero no llevaba un control general al cual acudir en busca de información; las empresas rotulaban sus productos con nombres de fantasía que hacían imposible su identificación, entre otros aspectos”, explica el profesional, que posee numerosos estudios relacionados al tema, entre ellos un máster en prevención de riesgos y seguridad laboral.

Lo que siguió después fue la creación de una comisión de alto nivel, conformada fundamentalmente por autoridades públicas (donde también participó Bomberos) de la cual surgieron numerosos cambios, entre ellos una nueva normativa; a su vez, la ONEMI estableció el Plan ACCEQUIM de medidas preventivas y de respuesta frente a incidentes, y se tomaron importantes decisiones, como alejar del “anillo Américo Vespucio” a una serie de grandes industrias que utilizan materiales peligrosos y cuya mayoría hoy está instalada en el sector de Quilicura. Sin embargo, el peligro sigue latente.

“Actualmente, si te fijas, las casas han ido avanzando en todo ese sector industrial, entonces el problema va a convertirse en lo mismo de antes. Ahora ¿Cuál es la diferencia? En general, el viento en Stgo. es un viento que viene del sur hacia el este, y por lo tanto, el humo no va afectar tanto al resto de la capital. De todas formas, igual quedan industrias con sustancias peligrosas en distintas comunas y que han tenido emergencias grandes”, advierte Sepúlveda.

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El tema normativo

Un gran avance en este ámbito fue la regulación del transporte terrestre de sustancias peligrosas (DS 298), una situación que involucra riesgos críticos y que es vulnerable, por tanto, a que se produzcan emergencias. Otro importante logro es la dictación del DS 78 respecto a Almacenamiento de Sustancias Peligrosas, el cual establece, entre otros, los distintos tipos de bodegas, cómo se deben almacenar, rotular, los documentos de control, etc. Aspecto clave, también, es la obligación de que los trabajadores cada tres años reciban una capacitación formal sobre el manejo de estas sustancias.

“Por ej, en materia de materiales peligrosos, el Derecho a Saber debe considerar que los trabajadores conozcan las Hojas de Datos de Seguridad de los productos y que sepan cómo se manipulan, usan, almacenan, qué E.P.P utilizar, etc, etc. La normativa también ordena temas como la capacitación formal de los trabajadores, o que una bodega con estos materiales tiene que estar separada seis metros de cualquier otra construcción. Entonces, así acotas tú los problemas y los haces más controlables”, detalla Sepúlveda. “Lo otro es el tema de la rotulación, cosa que tú rápidamente puedas visualizar de qué clase de sustancias peligrosas se trata. Si eso se cumple, obviamente baja mucho el nivel de riesgo, es decir, la probabilidad de daño”.

El combate a incidentes con materiales peligrosos

Además del cumplimiento de la normativa, hoy es fundamental que las empresas tengan su propia orgánica de respuesta ante un incidente mayor, lo que involucra un plan de emergencias y una brigada capaces de atender un problema en forma rápida, oportuna y antes que crezca.

Si la emergencia es incontrolable y requiere de los servicios públicos, se pasa a un protocolo denominado “El ABC de la Respuesta”, que incluye la presencia de ambulancias, Carabineros y Bomberos. Este procedimiento se aplica a todo tipo de incidentes; en el caso de emergencias con materiales peligrosos, el área de salud se encarga de evaluar y estabilizar a las personas y posteriormente trasladarlas al recinto hospitalario que corresponda según la complejidad de las lesiones (rol a cargo del SAMU). El área de Carabineros, en tanto, se preocupa de la seguridad -fundamentalmente del tránsito- pero también de las personas, los bienes y en caso de evacuación. En cuanto a la emergencia propiamente tal, ésta queda a cargo de Bomberos.

Patricio Larrañaga, por su parte, describe una metodología a utilizar: “lo principal siempre es evitar que la emergencia se acreciente, por ello la aislación del lugar es lo primero; luego, la recolección de información que permita identificar la sustancias, sus características y el estado de la situación, de manera de optar por el mejor procedimiento de confinamiento y contención”.

Respecto al aspecto oganizacional, en este tipo de situaciones se constituye un puesto de mando interinstitucional compuesto por el jefe de Bomberos, el jefe de Salud, el jefe de Carabineros y el jefe de la Planta. En esta instancia se toman las decisiones más importantes y generalmente es liderado por bombero de mayor jerarquía del Cuerpo del área donde ocurre la emergencia. “En este punto, es fundamental que la empresa afectada entregue en forma oportuna y completa toda la información de la cual dispone”, enfatiza Larrañaga.

Si la emergencia se hace aún mayor, entonces requerirá el apoyo de la Oficina de Emergencia Municipal, la que da paso a toda la línea de protección civil que concluye en el Ministerio del Interior a través de la Onemi. A este nivel, y dependiendo de la gravedad del suceso, la Onemi puede activar a otros actores que entran en acción, como, por ej, las seremis de salud y de medio ambiente, FF.AA, Cruz Roja, etc. Una vez controlada la emergencia, las acciones de finalización y disposición final son de responsabilidad de la empresa bajo la supervisión de los organismos fiscalizadores.

Un ejercicio didáctico para analizar el cambio de enfoque en el tema del uso de materiales y sustancias peligrosas es comparar la respuesta al incendio de Mathisen en 1995 con el que afectó a la fábrica de químicos Panimex el 10 de diciembre de 2013, en la comuna de Quilicura. En aquella oportunidad, la combustión de ácido fumárico ocasionó que se incendiaran parte de las instalaciones de la empresa, generando una gran columna de humo que fue visible en distintos puntos de la Región Metropolitana.

Hasta el lugar arribaron compañías de Bomberos provenientes de Quilicura y de otros Cuerpos de la región, quienes lograron controlar las llamas tras más de cinco horas de labores. Según información entregada por prensa y Carabineros, durante el operativo más de 300 voluntarios intentaron evitar la propagación del fuego a bodegas cercanas que contenían químicos peligrosos; algunos de ellos, junto a personal de Carabineros, realizaron una evacuación preventiva de empresas y personas ubicadas en el sector oriente al incendio. El trabajo no estuvo exento de dificultades, pues once voluntarios terminaron con diversas lesiones, dos de ellos con quemaduras de gravedad.

Hasta el lugar concurrió como apoyo la compañía de Sepúlveda y Larrañaga, con una unidad de agua para grandes incendios y control del fuego con espuma.

“Ese incendio, si bien afectó una bodega bastante grande, de alguna forma fue rápidamente circunscrito. Ahora, costó mucho extinguirlo porque las características químicas del producto eran bastante complicadas: reaccionaba con el agua y se transformaba en ácido, se fundía con el calor, etc. La respuesta requirió que se estableciera un puesto de mando, se hicieran las evaluaciones y finalmente se decidiera la opción de apagarlo con espuma. Ahora, toda la gente que entró a trabajar fue descontaminada; en Mathisen trabajamos con toallas, aquí toda la gente lo hizo con equipos autónomos de respiración, con equipos certificados”, analiza Roberto Sepúlveda.

Para el profesional, los procolos sí funcionaron en el caso del incendio de Panimex. “La respuesta también ha mejorado sustancialmente en cuanto a coordinación, equipo, material. En una de estas emergencias puedes tener 200 bomberos, cinco ambulancias, la Intendencia tiene, no sé, 20 camiones aljibe… un incendio de estas características es una empresa que mueve mucho RR.HH, mucho material”.

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Lo que aún está pendiente

En este tema, los dos experimentados profesionales tienen una sola opinión: se debe mejorar la fiscalización y capacitación. Para Patricio Larrañaga, las principales falencias en el cumplimiento del Plan de Emergencias establecido por ley para bodegas y locales comerciales que vendan sustancias peligrosas se detectan, justamente, en esta etapa.

“Los planes deben ser actualizados anualmente y esto no siempre se cumple. También deben mejorarse temas como la comunicación, ya que a veces queda personal de guardia externo que no conoce las instalaciones y se requiere rápidamente contactar a personal especializado de la empresa. Es importante que las emergencias se informen de inmediato, de manera de poder actuar en sus inicios y no sólo cuando ya no puede ser controlada por los medios de la empresa y nos veamos enfrentado a un incendio o emergencia de grandes proporciones”, sentencia.

Para Roberto Sepúlveda, en tanto, el foco de atención es claro: la capacitación debe aumentar principalmente en las medianas y pequeñas empresas. “Esas empresas a veces no llevan a cabo todos estos procedimientos, entonces tú te puedes encontrar con camiones de tres cuartos en los que adentro va de todo. Lo mismo para quienes fiscalizan, si abren la puerta de ese camión sin tomar los resguardos del caso, pueden pasar a ser víctimas de un posible incidente. Eso hay que mejorarlo, y de forma permanente”, sostiene.

Otro riesgo existente es el tema del tratamiento de residuos tóxicos y su disposición final, pues en el país existen muy pocas plantas destinadas a cumplir esta función.

Al respecto, existe un amplio historial de casos. “Después del incendio de Mathiesen quedaron toneladas de residuos peligrosos durante mucho tiempo; lo que supimos es que las taparon con cemento para que no siguieran reaccionando. El problema es que quizás pudo existir contaminación hacia napas subterráneas”, se lamenta Sepúlveda. “En Arica hace años trajeron inescrupulosamente toneladas de sustancias –arsénico y otras cosas- para ser tratadas. Bueno, la información de prensa señalaba que la persona encargada desapareció, eso quedó ahí, finalmente lo eliminaron y posteriormente se construyó una población. Y muchos de quienes la habitaron hoy sufren daños gravísimos, afectados por arsénico, por plomo, hay algunos niños con daños permanentes, etc”.

Desde su experiencia en el I.S.L y otros organismos públicos, Sepúlveda se ha formado una percepción sobre este tema. “debe haber un mayor control. Yo sé que uno de los problemas sucede – porque me tocó trabajar en eso en algún minuto- cuando se termina una faena minera. Ahí quedan residuos: por ejemplo, si un tipo está sacando oro, trabaja con cianuro y quedan áreas contaminadas. Dentro de la R.M, uno de los problemas complicados que hay en el tema ambiental es por faenas que terminan su gestión de forma ilegal”.

“Se debe fortalecer una visión de Estado para el cumplimiento de la normativa. Hemos mejorado mucho en el tema de las empresas, hemos mejorado las respuestas, pero está este otro tipo de situaciones”, asegura el profesional.

-¿Qué aspectos son los que más se descuidan de la actual normativa?

-Mira, un aspecto que a nosotros nos toca como I.S.L es poder generar también la conciencia y las herramientas para el conocimiento por parte de las microempresas. Y creo que en éstas se utilizan algunos productos que tienen características peligrosas y que generan además residuos peligrosos, por ejemplo una imprenta, una lavandería. Entonces, está primero la conciencia, tener acceso al conocimiento de la normativa, y facilitarles como cumplirla.

-¿Qué medidas y acciones han realizado al respecto?

-El principal problema de las microempresas es su sustentabilidad económica. Entonces, nosotros en el I.S.L. hemos desarrollado unos proyectos de apoyo en que las incorporamos a planes como Mi Pyme Activa, que son planes de certificación en los cuales el empleador llega a entender que la prevención es una inversión. Lo otro que también es súper imporante es que tengan la visión de esto como cooperativas, de que puedan generar alianzas para trabajar.

-El tema que tiene que mejorar más es la fiscalización…

-Claro tiene que mejorar más. Algo que se comenta hoy: dices, este país ha crecido, lo que es distinto a que sea desarrollado. A raíz del accidente de la Mina San José vienen cambios en la normativa de seguridad laboral que se están estudiando en el Congreso; ese tema dejó al descubierto que en todo Chile el Sernageomin contaba con una cantidad de personal absolutamente insuficiente ante el crecimiento de esa área de la economía. El tema de la fiscalización significa tener una concepción de que el Estado es fundamental en esta área, y que cuente con los recursos para poder hacer bien su labor. Eso significa generar los recursos y contratar las personas y formarlas para que se hagan cargo de todo eso (…) Si tú quieres abarcar esto en realidad tienes que tener mucha más gente y generar presencia regional, que es lo que hacemos nosotros en el I.S.L. Nosotros tenemos presencia en todo Chile, en las regiones más extremas siempre existirá la presencia de uno o una de nuestros funcionarios/as, apoyando la prevención de nuestros empleadores, entregando las prestaciones a sus trabajadores/as.